Constructivismo


El Constructivismo Ruso surge poco después de la Revolución Rusa, cuando los creadores sintieron que, en un mundo que deseaba cambiar por completo, el arte ya no podía ser el afecto de un número limitado de personas, destinado únicamente al placer estético de unos pocos amantes del arte.

En diciembre de 1918, en la revista Arte comunista, Vladimir Mayakovski hizo la siguiente afirmación perentoria: «No necesitamos un mausoleo de arte en el que adorar obras muertas, sino fábricas vivas de la mente humana: en las calles, en los trolebuses, en fábricas, talleres y el hogar de los trabajadores «.

Sin embargo, lejos de rechazar lo descubierto en la época del futurismo y el suprematismo, se trataba por el contrario de sacar más provecho de esos descubrimientos para un bien mayor. Durante los años veinte, la revista LEF, publicada por Mayakovski, puso todas sus energías al servicio de esas ideas.

Manifiesto del Constructivismo

El Manifiesto Realista de Pevsner y Gabo, que salió a la luz en Moscú en 1920, separó el arte de todo lo relacionado con la fantasía, el automatismo y el inconsciente en favor de la razón y el cálculo. Los artistas deben «construir objetos como un ingeniero que construye un puente, con el marco preciso de la mente de una brújula».

En 1922, el constructivismo de Alexis Gans iría aún más lejos, desafiando toda distinción entre arte puro y arte aplicado: «¡Ha llegado el fin de lo puro y lo aplicado! Lo social y lo racional está a la mano … Nada fortuito, incondicional; ningún gusto ciego o estética arbitraria.

Todo debe ser pensado a nivel técnico, funcional. Nuestro Constructivismo -es decir, el Constructivismo de la Unión SOVIÉTICA- se diferencia radicalmente del Constructivismo Occidental, en el punto de encuentro entre ambos están nuestros pintores del arte de izquierda ”.

Constructivismo Ruso y de Occidente

Esa distinción se aplicó a El Lissitsky, Van Doesburg, Hans Richter y varios otros que, en Occidente, entonces se consideraban constructivistas. De hecho, aparecieron publicaciones constructivistas en toda Europa, incluyendo De Sikkel en Amberes, 7 Arts en Bruselas, Contimporanil en Bucarest y Block en Varsovia.

Para evitar cualquier desviación occidental, que no se les había ocurrido a los escritores del Manifiesto Realista, Rodchenko y Varvara Stepanova redactaron su Programa del Grupo de Productivistas, en el que la reflexión ideológica comunista primó sobre cualquier obra artística.

Ese fue el contexto en el que Tatlin y Rodchenko, por ejemplo, crearon muebles funcionales para colectivos y alevich sus modelos de lavavajillas para las fábricas estatales.

De mayor importancia fueron los Vkhoutemas (talleres superiores de arte y tecnología), fundados a finales de los años veinte: A cargo de la facultad de metalurgia, Ridchenko diseñó allí vagones de ferrocarril y tranvías; en la facultad textil, donde Exter, Popova y Stepanova enseñaron nuevas prendas y se propusieron nuevos motivos para la tela.

Bastardo y en decadencia porque, después de todo, no era una herramienta de propaganda eficiente al servicio del pueblo y de la Revolución Socialista, el constructivismo se extinguió alrededor de 1925.