El Bosco (1450-1516)


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Hijo de Anthonis, hijo a su vez de una familia de artistas oriunda de Aquisgrán pero empadronada en la localidad de Hertogenbosch desde 1399.

Hieronymus Anthoniszoon van Aeken conocido como el Bosco, nació en Bolduque, Países Bajos y murió en 1516 en el mismo pueblo. Fue uno de los grandes pintores del Renacimiento, creando obras de gran embergadura como «El jardín de las delicias».

¿Quién era «el Bosco»?

La crítica sitúa habitualmente la fascinante personalidad y las enigmáticas obras de Hieronymus Anthonyszoon van Aeken, conocido como el Bosco, en un contexto político y cultural que parece justificar, al menos en parte, su carácter excepcional.

Se trata de un amplio espacio de tiempo que en el plano geográfico presenció el fin del ducado de Borgoña y el nacimiento, en el ámbito europeo, del más extenso imperio del mundo (la dinastía de los Habsburgo).

El Bosco vivió y trabajó siempre en la ciudad de Hertogenbosch, de donde tomó el nombre. Según parece, la especialidad de esta ciudad, que incluso poseía una clase burguesa integrada principalmente por humanistas y editores, era la cultura religiosa.

En la ciudad había un elevadísimo número de iglesias, monasterios y órdenes religiosas; en estas últimas confluía un notable porcentaje de la población, y casi puede afirmarse que el resto de sus habitantes pertenecía a alguna de las numerosas hermandades laicas de inspiración religiosa.

Delirio, lujuria y enigma - El Bosco
Delirio, lujuria y enigma – El Bosco

Así, mientras el orden económico de la región estaba condicionado por este clima, Hertogenbosch era conocido especialmente por la producción de órganos y campanas.

Con todo ello se comprende fácilmente el origen de esa severa moralidad, alimentada por angustias irracionales, que la crítica ha descubierto constantemente en las obras del Bosco.

En 1468, durante el saqueo de Gante, los ciudadanos pudieron asistir a un gran número de ejecuciones y torturas públicas. Alain de la Roche, predicador vibrante que imaginaba visiones apocalípticas, vivió hasta 1475.

En 1478 se imprimió en Gouda la «Leyenda Aurea», de Jacopo della Voragine, obra de vasta cultura hagiográfica en la que, entre otros muchos relatos, se incluía el de las tentaciones de San Antonio. Semejante material de reflexión constituye una buena parte del imaginario del Bosco. 

Vida e Historia del Bosco

En 1474 es mencionado junto con su hermana y dos hermanos, uno de los cuales, de nombre Gossen, es pintor. En los años 1480-1481 puede leerse la noticia de su matrimonio con una mujer de rica y noble familia.

Llegado 1493 se le encarga el proyecto de una vidriera, en 1503-1504 un discípulo suyo realiza tres escudos de armas, en 1508-1509, con el arquitecto Jan Heyns, suministra las portezuelas con destino a un altar polícromo y en 1511-1512 ejecuta el model de un crucifijo y una corona.

La última mención, en agosto de 1516, alude a una misa celebrada en sufragio de su alma.

Al observador moderno de las obras del Bosco le resulta difícil aceptar la idea de que esas obras pudieron tener un público, por así decirlo, conformista e integrado en el tejido social, pero los datos que poseemos al respecto son absolutamente incontrovertibles.

Inicios

La misma cofradía a la que pertenecía (Nuestra señora de San Juan) le proporcionaba una discreta cartera de clientes. Está confirmado que en 1504 Felipe el Hermoso visitó el taller del pintor, en el que vio un tríptico con el Juicio Final.

A pesar del despliegue de una iconografía sorprendente, no sólo la temática sino también las opciones formales del artista están profundamente enraizadas en su tiempo.

De hecho, su pintura como tal y su maduración estilística no están en absoluto alejadas de la cultura figurativa inmediatamente anterior y contemporánea, y las soluciones compositivas y de luz que el artista adopta encuentran un justo encuadre en la manera formal, y sobre todo espacial, de su época.


«La extracción de la piedra de la locura» es una obra de extraordinaria importancia, pues transmite la invención original del autor, entregado por primera vez a la reflexión sobre la locura.

Una época que marcó al joven Hieronymus

En la época en la que vivió El Bosco, la separación entre cordura y enfermedad mental estaba marcada de manera mucho menos nítida que en nuestro tiempo.

De la locura, y también de la muerte, se podía hablar, y de la misma manera que se convivía con las ceremonias y la iconografía de la muerte, se toleraba la vista de las enfermedades del cuerpo y de la mente.

Los leprosos recorrían el mundo precedidos por el ruido de sus matracas, los mendigos mostraban sus llagas y sus deformidades en las procesiones y en las iglesias, los ciegos atravesaban las calles precedidos o ayudados por personas caritativas y casi todos los pueblos tenían su loco. 

La nave de los locos - El Bosco
La nave de los locos – El Bosco

Entre 1485 y 1500 podemos situar algunas significativas obras simbólicas, como la «Alegoría de la Lujuria» y la celebérrima «Nave de los locos».

La pintura se ha hecho más ligera y transparente, enriquecida con minucias descriptivas que se sirven para definir sus contornos, de pequeños realces en sutiles filamentos de blanco, premisa de la espumosa y crepitante luminosidad de las obras maduras.

Por lo demás, una vez traspasado el umbral del nuevo siglo, se inicia la producción de los grandes trípticos. Estas obras maduras nos revelan que los saberes populares y la literatura satírica ya no son suficientes para el artista.

En su producción central el Bosco se sirvió del conocimiento de las fuentes y de las modalidades de la religiosidad alternativa y, probablemente, se acercó a la astrología, que condiciona a su vez un mundo aún más misterioso y esotérico, lindante con la magia y la brujería, que es el de la alquimia.

Los trípticos de Hieronymus van Aeken

Con el «Tríptico del carro de heno» (1505) del Museo del Prado nos encontramos ante la primera obra grande y compleja que nos ha llegado en su integridad.

La sabiduría compositiva, la transparencia líquida, casi vidriosa, de la pintura, nos revelan que el maestro ha alcanzado un nuevo nivel de madurez.

Inmediatamente después viene fechado el «Tríptico del Jardín de las delicias», también en el Museo del Prado, en el que las sutilezas del Tríptico del Carro de heno se multiplican en turbadores efectos cromáticos, mientras que la luminosidad se enciende y apaga en armonía con la temática variada y compleja de esta maravillosa invención.

Tríptico del carro de heno - El Bosco - Pintura Gótica Flamenca
Tríptico del carro de heno – El Bosco

En ella, el recurso a la materia -tierra, agua, roca y prado- y a la carnalidad de los instintos y de los comportamientos de los animales y de los seres humanos, y también de los monstruos, se sublima en la levedad de una lógica lunar.

Reviste gran interés el hecho de que los cronistas que dan cuenta de esas extravagantes presencias en la colección del muy católico rey Felipe II, generalmente se afanan en defender sus contenidos ortodoxos con un frenesí que nos hace suponer que de aquellas pinturas podía emanar, para la mayor parte del público, un fuerte olor a azufre

Pinturas y obras de el Bosco

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