Políptico de Montefiore dell’Aso de Carlo Crivelli


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1473. Pintura sobre tabla. Iglesia catedral de Sant’Emidio, Ascoli.

Imagen del políptico de Montefiore dell’Aso

Encargado por el obispo Prospeeo Caffarelli, aún se conserva con su rico marco tardogótico original en la Capilla del Sacramento de la catedral de Sant’Emidio de Ascoli, para la que fue pintado, uno de los más suntuosos retablos llevados a cabo por Carlo Crivelli,  firmado y fechado en 1473.

Dividido en compartimentos por tres registros y cinco calles, la principal, centrada por la Virgen y el Niño, y la Piedad, ésta en el ático,  en sus figuras de santos de cuerpo entero y de medio cuerpo  -en escala menor los de la predela-, muestra la capacidad del pintor por beber en influencias muy diversas e incluso opuestas, capacidad que le otorga un eclecticismo, entendido como manera, inaudito en el arte de su época. 

Carlo Crivelli se mueve desde la delicadeza de formas -no exenta, sin embargo, de cierta rigidez expresiva lineal-, con que acomete, por ejemplo, las figuras de la Virgen, santa Catalina, san Emidio, san Jorge e, incluso, el Cristo de la Piedad,  y la tensión con que trata a las demás figuras.

Se pueden considerar herederas de Mantegna y relacionar con ciertos aspectos del arte de Ferrara. La serena belleza que emana de las santas Catalina y Úrsula y el san Jorge dispuestos en el registro superior,  que parecen verdaderos personajes principescos, resplandece ante los ceños fruncidos, las arrugas, las marcadas venas y las manos crispadas de las graves imágenes de san Pedro, san Juan Bautista, san Pablo y san Jerónimo, y los movimientos convulsionados,  mientras un intenso dramatismo preside la escena de la Piedad de la cumbrera o ático. 

Los volúmenes escultóricos de las figuras de este retablo,  su estudiada disposición espacial y la expresividad de algunos santos demuestran el aprovechamiento de la experiencia en Padua que Crivelli traslada a las Marcas, experiencia que convive con el oro, la estructura compartimentada del políptico y la profusión ornamental en los ropajes, joyas y atributos de los santos. Y entre estas influencias no se puede menospreciar la imposible de Piero della Francesca,  que pocos años antes (1469) había concluido el retablo para la iglesia de los agustinos de Borgo Sansepolcro, como lo patentizan las figuras de san Emidio del retablo de Ascoli y la de san Agustín de de Borgo Sansepolcro. 

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