Andrea Mantegna (Isola di Carturo, Padua, 1431 – Mantua, 1506)


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Andrea Mantegna se formó en el taller de Squarcione, estimulado desde sus inicios por las obras que artistas toscanos como Filippo Lippi, Paolo Uccello  y, sobre todo, Donatello, habían dejado en Padua, y conocedor del clima artístico veneciano a través de su emparejamiento con la familia de los Bellini.

Obras de Andrea Mantegna - La adoración de los pastores
La adoración de los pastores – Mantegna

Biografía y obra de Andrea Mantegna

Andrea Mantegna configuró su particular manera artística,  caracterizada por la dureza del dibujo, la armonía de las proporciones y la recuperación no sólo de las formas sino también del espíritu de la Antigüedad clásica.

Grabador además de pintor, desarrolló más que ningún otro artista del Norte la perspectiva, contribuyendo decisivamente a la expansión del Renacimiento en la Italia septentrional.

Andrea Mantegna se formó en Padua, en el taller del bizarro Francesco Squarcione,  entre 1442 y 1448. En 1448, ya libre de la tutela de Squarcione (con quien mantuvo una tempestuosa relación), Mantegna recibió sus primeros encargos importantes: un retablo para la iglesia de Santa Sofía,  y parte de la decoración mural de una capilla de la iglesia de los Eremitani de Padua.

Tras una breve estancia en Ferrara, a mediados de 1449, y en la que Mantegna pudo coincidir con el flamenco Roger van der Weyden,  quien se encontraba en la ciudad trabajando al servicio de la familia Este, y con Piero della Francesca,  que estaba realizando unos frescos (hoy desaparecidos), el pintor inició su relación con los Bellini, casándose,  en torno a 1453, con Nicolasia, hija de Jacopo.

 En 1457 Mantegna aceptó  la oferta de Lodovico Gonzaga de trasladarse a Mantua para convertirse en pintor de corte.

El proyecto más ambicioso encargado por Lodovico Gonzaga a Mantegna fue la decoración mural de la Cámara de los Esposos del Palacio Ducal de Mantua. A mediados de 1488 Mantegna debió partir hacia Roma, donde permaneció hasta bien entrado el 1490, decorando para Inocencio VIII la Capilla Belvedere del Vaticano, destruida en 1780.

Andrea Mantegna se formó en un ambiente cultural que veneraba la Antigüedad. La Universidad de Padua era uno de los grandes centros del Humanismo de la época en el que leyeron sus lecciones gentes como Guarino, Marcanova, Ciriaco d’ Ancona y Felice de Verona.

Algunos de estos humanistas quizá frecuentaron el taller de Squarcione  despertando el interés del joven Mantegna por lo antiguo,  como lo despertaban las esculturas y relieves clásicos que coleccionaba su maestro. Este interés se convirtió en verdadera pasión compartida por una absoluta admiración por la obra de Donatello.

Ello hace que sus primeras obras se caractericen por la dureza de formas, por remarcar linealmente los perfiles , por crear complejos ámbitos espaciales en los que, quizá por influencia flamenca, los detalles están tratados con suma minuciosidad. 

Mantegna rescata de la Antigüedad los motivos arquitectónicos y ornamentales, y los utiliza para construir con efectistas puntos de visión el espacio de sus figuraciones.

Concibe un universo pictórico en el que la dureza de las piedras de la arquitectura y de la naturaleza parece ser la misma que la de los cuerpos humanos, los cuales, descritos con toda minuciosidad como las vestimentas, se asemejan más a estatuas antiguas que a seres vivos.

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