Políptico del Cordero Místico


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Políptico del Cordero Místico (Políptico de Gante) – Jan Van Eyk

El Políptico de la adoración del Cordero Místico de Jan Van Eyk

El Poliptico del Cordero Mistico que, según la inscripción  que aparece en el marco inferior de sus tablas laterales, o puertas, fue comenzado por Hubert van Eyck y terminado por su hermano Jan el seis de mayo de 1432, constituye un conjunto jerarquizado de representaciones. 

Siguiendo la terminología más reciente diremos que se trata de un «cuadro múltiple «. Desde el triunfo, a partir del siglo XVI, de la imagen aislada o autónoma -lo que denominamos el «cuadro» en sentido estricto del término-,  el espectador occidental ha perdido progresivamente la familiaridad que durante largo tiempo le fue tan propia con dicho «cuadro múltiple «.

En efecto, si, en España,  el retablo compuesto de varios compartimentos se mantiene hasta finales del siglo XVIII, en Italia se convierte en una excepción desde la época de Rafael. En Flandes, el políptico pintado y esculpido desaparece hacia 1550, y el tríptico pintado poco después de la muerte de Rubens.

La desaparición progresiva del «cuadro múltiple » en el arte occidental entraño una incomprensión creciente ante esta tipología. Así,  desde el siglo XVII se constata la práctica que consiste en separar las tablas laterales y el panel central de los trípticos y polípticos flamencos, de tal modo que se convierten en cuadros autónomos. Las del Políptico del Cordero Místico no escaparon a tal suerte, pues fueron cortadas de este modo en 1894, cuando se encontraban en Berlín. 

Lectura del Políptico de Gante

La mitad superior del retablo

Entre los numerosos ejes que estructuran la lectura contemplativa del Políptico del Cordero Místico,  hay uno que llama poderosamente la atención: el sugerido por el contraste entre la parte alta y baja del retablo.

Así pues, podemos comenzar la lectura por los profetas y sibilas representados en el reverso de los compartimentos en forma de media luna  de las puertas del políptico. De izquierda a derecha, descubriremos sucesivamente a Zacarías,  la Sibila de Eritrea, la de Cumes y a Miqueas.

Sus nombres aparecen inscritos en el marco de cada uno de los compartimentos. El texto de sus profecías ondea en el espacio, detrás de ellos, escrito sobre una banderola.

A modo de filacterias con leyenda, estas banderolas muestran al espectador las palabras de los personajes a que se refieren. Todos estos textos aluden a la llegada del Mesías al mundo. La promesa de los profetas y de las sibilas se realiza delante de los ojos del espectador, en el registro central del reverso de esas puertas.

Ahí podemos ver a Gabriel, anunciando a María que tendrá al Hijo del Señor. Las palabras de María,  destinadas a Dios, están escritas invertidas de derecha a izquierda,  de modo que puedan ser leídas  desde el cielo.

En el registro inferior de las puertas cerradas, en el lado izquierdo, aparece el donante del retablo, un noble de Gante, representado de rodillas orando ante la estatua de San Juan Bautista, el cual era, en 1432, el santo titular de la iglesia en la que el noble poseía su capilla (fue reemplazado, en el siglo XVI, por san Bavon).

A la derecha, haciendo pareja con el noble y el santo, se encuentra la estatua de san Juan Evangelista y la efigie de la esposa del noble. Hay que señalar que las hornacinas que ocupan los donantes y las estatuas de los santos que ellos adoran, se abren al exterior a través de arcos trilobulados de estilo gótico. Tal elección no carece de significado.

Los profetas y las sibilas dentro del políptico

Los profetas y las sibilas ocupan espacios abovedados desprovistos de nervios o arcos ojivales; estas formas lisas sugieren un horizonte estilístico prerrománico. La escena de la Anunciación se sitúa delante de una galería  que presenta columnas y capiteles de carácter  ostensiblemente románico. 

En este contexto, las formas góticas  de los nichos que albergan las efigies de los santos y los donantes, no pueden tener más que un valor de índice cronológico: los hermanos van Eyck han querido situar en el tiempo presente la devoción de los donantes.

Se puede considerar que el interior del retablo contempla el mundo en el Final de los Tiempos. Los hermanos van Eyck se han inspirado de modo patente en los dos últimos capítulos del Apocalipsis, consagrados a la Jerusalén celeste. El interior del retablo está subdividido en dos registros.

El superior está ocupado por este «cielo nuevo» del Apocalipsis. Dios Padre en el centro, en el trono, con la tiara pontificia (difícilmente podría uno imaginar una formulación más «papista» de la imagen de la Divinidad), flanqueado por la Virgen María y san Juan Bautista.

Un grupo de ángeles cantores, a la izquierda, y ángeles músicos,  a la derecha, aseguran la alabanza perpetua de esta tríada. Las figuras de Adán y Eva  enmarcan a lado y lado la zona celeste del retablo; expulsados del paraíso terrenal después de haber cometido el pecado original, vuelven a encontrarse, en el final de los tiempos, en el cielo, junto a su Creador.

La mitad inferior del políptico

En lo referente al registro inferior del retablo abierto,  este nos remite a la «tierra nueva» del Apocalipsis. Las arquitecturas del fondo evocan la «ciudad santa, la nueva Jerusalén,  que desciende del cielo y se establecerá en la tierra».

En esta ciudad resplandeciente,  «el Señor Todopoderoso y el Cordero constituyen el templo», según el Apocalipsis de san Juan.  Hay que añadir que «las naciones marcharán hacia su luz (la del Cordero), y los reyes de la tierra llevarán a ella su gloria y su honor».

Podemos ver un eco de este pasaje del Apocalipsis en los diversos cortejos de la parte inferior que, procedentes de todos lados, avanzan en grupos que se van acercando al Cordero. Este aparece iluminado por los rayos que emanan del Espiritu Santo, rodeado de una aureola destellante. El Cordero, al que el conjunto del retablo debe su nombre,  por metonimia , es por tanto «luz».

Cada uno de los cortejos figurados corresponde a un grupo humano particular; podemos ver en el lado izquierdo a los jueces íntegros  y a los soldados de Cristo, y a la derecha, a los eremitas y a los peregrinos.

Del mismo modo, en el compartimento central, se reconocen por sus vestimentas y atributos a los nutridos grupos de profetas y de patriarcas, vírgenes  y clérigos,  e incluso algunos laicos, que marchan hacia el Cordero o se hallan arrodillados cerca de Él.

Cuando se abre el retablo, el espectador se enfrenta a una profusión de colores. La vegetación exuberante de la parte inferior,  las vestimentas de los ángeles y la tríada central, las armaduras, las piedras preciosas, los estandartes, todo ello crea un conjunto cromático de gran riqueza.

Esta conmueve al espectador, que guarda en su memoria la relativa parquedad cromática del reverso de las puertas. Tal riqueza de color va a la par, en el registro inferior del retablo abierto, con un mayor sentido de profundidad en la imagen. Las figuras no llenan el espacio disponible y éste posee, además,  una profundidad considerable.

Es en la tabla central donde la impresión de tercera dimensión se acentúa. Los hermanos van Eyck  buscaron traducir en términos ópticos aquello que separa al mundo antiguo y presente del mundo nuevo anunciado en el Apocalipsis. Por esta razón,  lo han hecho de forma que el paso del primero al segundo se acompañe a la vez de una explosión de colores y de un crecimiento espectacular de la ilusión espacial.

Información de la obra:

  • Autor: Jan Van Eyk y Hubert Van Eyk
  • Año: 1432
  • ¿Dónde se encuentra ahora?: Catedral de San Bavon
  • Estilo: Gótico flamenco
  • Tamaño: 3,4m x 4,4m
  • Materiales: Óleo sobre tabla

Partes del Políptico de Gante

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