Retablo y Frescos del convento de San Marcos (Florencia) – Fra Angélico


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Cosme de Médicis apreciaba tanto a Fra Angélico que, después de haber construido a sus expensas la iglesia y el convento de San Marco,  le hizo pintar el retablo para el altar mayor de la iglesia conventual (de ejecución marcadamente humanista), y los frescos de los claustros, celdas y sala capitular del convento hoy convertido en museo (de carácter profundamente místicos).

En el retablo, Fra Angelico mostró su madurez como pintor renacentista, ideando el tipo de Santa Conversazione, que pronto iba a alcanzar una gran difusión en toda la pintura italiana, y dotando a las figuras de un sentido espacial más acusado que en ninguna otra composición anterior.

Desglose del Retablo de San Marco

En la tabla principal, la más grandiosa de todo el Quattrocento,  figuran la Virgen y el Niño sentados delante de un templete de recia arquitectura renacentista, que tiene como fondo un hermoso bosque, más que jardín,  de cipreses y cedros del Líbano,  que dejan ver cómo el amanecer acaricia el suavemente ondulado paisaje toscano. Los personajes centrales están flanqueados por ángeles y santos.

En los compartimentos de la predela, hoy repartidos entre diversos museos,  se ven episodios de la vida y martirio de los santos Cosme y Damián,  centrados por el de la Piedad. En ellos, la rotundidad y luminosidad de ciertas formas arquitectónicas se conjugan con evidentes citas a lo clásico,  como el detallismo paisajístico,  y aun los resabios trecentistas se alternan con visiones  más naturalistas del campo abierto.

En los murales de San Marco, en particular en los de las celdas, Fra Angelico se volvió severamente austero y procedió a eliminar de sus composiciones todomlo que pudiera alterar el ambiente de meditación propio de un convento. Se aplicó en recubrir los muros, entre los que habitaban sus hermanos, de visiones ante las que pudieran orar y hacer sus meditaciones espirituales. 

Aunque no se le puede atribuir toda la decoración mural del convento, ya que contó con un gran número de ayudantes, entre ellos su fiel discípulo Benozzo Gozzoli, no se duda de su autoría en cuanto a la invencionde la mayor parte de las composiciones.

Entre las pinturas de su mano destaca el Santo Domingo abrazado al madero del crucificado, mural dispuesto frente a la puerta de entrada al convento, la gran Crucifixión de la sala capitular,  la Sacra Conversazione  del muro oeste del pasillo de la primera planta y dos Anunciaciones , una también en el pasillo (muro norte), y otra pintada para una celda.

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